La tarde había sido hermosa.
Cantos y reclamos que casi
le dejaron sin voz.
Su primera manifestación.

Al llegar a casa,
cada uno en el lugar de siempre.
La cena sin hacer, claro,
esperando a que el ama se presente.

Sin voz.
Se había quedado sin voz.
Y sin decir ni “mu”
va a la cocina,
pone su delantal
y sigue con su habitual rutina.

(Porque los cambios empiezan desde dentro)

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