Tanto miedo tenía
de ser arrastrada
por la corriente del río,
tanto de soltar esas raíces
que desde hacía años
le habían acunado en su llanto…

Tanto, tanto, tanto…
que se inscrustó de lleno
y dejó de ser piedra
para ser árbol.

Y ahí perduró,
pensando, que no había más mundo
que el de su alrededor.

Nadie le contó
que la corriente del río
le hubiera llevado,
tarde o temprano
al mar.


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