Ella me cuenta muchas de mis canciones,
me susurra infinidad de poemas.

Ella; cautelosa, inquieta, fisgona,
atrevida, enérgica, asustadiza,
incluso a veces un poco cagueta.

Ella; que quiere ser mayor
pero no sabe contener la risa,
que saca el labio inferior
cuando se enfada por tener prisa.

Ella, que en silencio esperó
que descubriera su permanencia,
por más voces que dió
mis oídos no escuchaban sus sentencias.

Ella; ahora es ella quien me acompaña, me aconseja,
me abraza, me ama,
me habla desde el corazón
y me explica qué es lo que anhela.
Y yo se lo doy.
Porque ella soy yo,
y yo, soy ella,
la mujer adulta
y la niña interna.

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