La sangre me ardía
Las ideas fluían como torbellino
levantando polvareda a su paso
y despertando de la siesta
a muchas otras más.

El motor era grande;
hacerte saber que soy el ser
más brillante que existe sobre la Tierra,
y que no te olvidaras de mí.

Y así lo hice,
sacando mi mejor versión
puliendo lo imposible
para que el destello cegara tus ojos,
tu corazón
y hasta tus entrañas…
Y te volvieras loco por mí.

Y en ese empeño absurdo,
aniñado y simple,
no de sencillo,
de intentar demostrarte
lo maravillosa que era,
Descubrí
lo maravillosa
Que soy.


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