Lo mismo que hace un espejo con la luz,
pensamos que son los otros quienes nos iluminan.

Buscamos incansables esas chispas que creemos necesarias
para existir.
El temor si no,
invade nuestra mente perversa
a quién no le gusta la oscuridad.

Pero como espejos,
los otros solo reflejan
nuestro color,
nuestra luz,
nuestro yo…

Porque todo lo que vemos
es nuestro.
Entonces…
No son los otros quienes nos iluminan.
Ni tampoco quienes nos dan penumbra.

Cada uno con su luz,
cada quien siendo espejo.
¿Qué veo?
¿Dónde me miro?

Yo soy tú.
Tú, eres yo.

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