En el puente cuelgan,
algunos ya oxidados,
quizás hasta contaminados,
como se contamina el fondo del río
al tirar la llave en el desafío.

Entristece mi alma pensar
cuán encadenados esos corazones
pueden llegar a estar,
capaces de clausurar
cualquier otra capacidad
de amar.

Una señal más de pretender aniquilar,
la fluidez de la vida,
el movimiento del sentir,
la elección de marchar,
o de quedar.

De ser, de ir, de venir.
De estar con el otro,
por querer estar,
y el otro esperar,
por querer esperar…

Desde la libertad,
el amor,
no se deja encadenar.

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