Entonces no me podía explicar
el por qué de ese adiós.
Cada vez que iba a visitarle
no había flor, alimento,
regalo que le faltase.

Entonces no podía explicarme
el por qué de ese abandono.
Cuidaba cada detalle,
cada segundo,
cada parte.

No había explicación suficiente
que me hiciera comprender
aquel desplante.

Y eso fue.
Tanto me entregué,
tanto me dejé,
tanto le regué
que me pasé de abundante.

Ahora puedo explicarme
el por qué del aprendizaje;
pues nunca yo le pregunté
si, realmente,
necesitaba tanto detalle.

(Acompañar es estar para las necesidades del otro. Acompañarme es estar para mis necesidades… Entonces, ¿Cuáles son las que, realmente, estoy intentando satisfacer?)

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